Áurea nace de la fascinación por el oro y su capacidad para reflejar y transformar la luz.
Realizada mediante la técnica del vidrio soplado, esta pieza explora la relación entre volumen, color y textura. Su forma ligeramente abierta se combina con una superficie de apariencia granulada, en la que pequeños relieves generan un juego de reflejos y destellos que evocan el brillo del metal precioso.
La tonalidad dorada, con matices cálidos y transparencias, cambia según la incidencia de la luz, aportando profundidad y riqueza visual al material.
A través de la manipulación del vidrio en caliente, la pieza busca trasladar la esencia del oro a un material distinto, conservando su luminosidad y carácter envolvente. El resultado es una forma escultórica en la que la materia y la luz se convierten en protagonistas.